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Desde hace más de cuarenta años los que se consideran celtas, o los que simplemente disfrutan de esa cultura, tienen una cita en Bretaña a principios de agosto, el Festival Intercéltico de Lorient, que atrae a más de ochocientas mil personas.

En el fondo este festival siempre ha sido una buena disculpa para perderse en uno de los territorios más salvajes y todavía llenos de misterios de la costa atlántica europea. Su situación, además, no puede ser más estratégica. Está justo a medio camino entre las tierras celtas del sur -Asturias y Galicia- y las del norte, desperdigadas por las islas británicas en Cornualles, Gales, Escocia, Irlanda y la Isla de Man. Este año pretende incluso atraer todos esos «celtas» perdidos por el mundo, dedicando esta edición a la diáspora.

Del 5 al 14 de agosto esta ciudad creada por Colbert en 1666 para apoyar el desarrollo de la Compañía francesa de las Indias Orientales, se convierte en un lugar extraordinario que supera el concepto de un festival o un macroconcierto. Se montan hasta una veintena de escenarios pero se trata sobre todo de una manifestación callejera. Durante los días que dura el festival la ciudad se vuelca por completo en esta experiencia casi religiosa. Para los eventos más formales se utiliza el Palais de Congrès, el Grand Théâtre o l’ Eglise Saint Louis . Para los eventos más multitudinarios se abre el Parc de Moustoir, el estadio de fútbol del Lorient F.C. con una capacidad de 10.000 espectadores. Por otra parte se reserva el El Port de Pêche (Porzh Pesketa) la zona del puerto para eventos especiales. Para esta edición se espera una participación de cuatro mil quinientos músicos, bailarines y artistas, incluyendo todos los que van a venir de Estados Unidos, Argentina, Australia o Canadá. No faltarán clásicos como los Chieftains pero también muchos grupos y cantantes que no esperaríamos encontrar entre tanto celta . De Galicia viene Carlos Nuñez, Luz Casal y una decena de agrupaciones de gaiteros y músicos folclóricos. De Asturias destaca Hevia pero también otra docena de grupos y bandas de gaiteros en busca del Macallan, ahora denominado Maccrimmon, el máximo galardón que un gaitero puede conseguir.

El itinerario

La fiesta comienza con el Cotriade, un almuerzo multitudinario que se celebra en el puerto pesquero acompañado por música tradicional de los marineros bretones. Después los días comienzan con un baño en la playa si el tiempo acompaña, clases de arpa, acordeón o gaita, seguidas de múltiples actuaciones de bandas folclóricas con escapadas al Mercado Intercéltico donde hay docenas de puestos donde beber sidra y comer crepes y galletes. Las noches son mágicas (Nuits Magiques) y culminan con grandes conciertos en el estadio de fútbol que cierran cada jornada con fuegos artificiales. El último sábado, el puerto de pesca se vuelve a convertir en el más insólito de los escenarios para presentar la mejor música bretona, no sólo la folclórica sino también la más moderna. También hay que encontrar un momento para acercarse a Carnac donde se encuentran las mayores alienaciones de piedras prehistóricas del continente además de otros monumentos megalíticos que convierten a este rincón de Bretaña en un lugar verdaderamente sagrado.

Fuente: http://www.ocholeguas.com

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