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Como siempre, encontramos las mejores cosas, sin buscar… Paseamos, eso es lo que hacemos en el mundo virtual… Pasear…Y hoy encontramos una excelente y joven escritora cubana. ¡A no perdérsela!

En 1970, el año de nacimiento de Wendy Guerra, su familia se trasladó desde una pequeña aldea a la ciudad de Cienfuegos, en la costa sur de Cuba. “Era un lugar para nadar y pensar,” recuerda ella. Un punto de inicio lógico para alguien dedicado a nadar contra la marea.

Empezó a escribir poesía tan pronto como supo nadar. Su primera colección, Platea a oscuras, le ganó un premio de la universidad de la Habana cuando apenas tenía 17 años. Obtuvo un título de realización cinematográfica en el Instituto Superior de Arte de la Habana, pero logró evitar involucrarse en cualquier clase de carrera en los medios de radio y televisión. Siguió escribiendo.

Específicamente, escribió un diario. Escribió un montón de diarios, dejando que se apilaran a su alrededor en su piso del distrito de Miramar de la Habana, que hoy comparte con su marido, el pianista Hector López-Nussa. Escribir diarios es un pasatiempo excelente pero no es precisamente uno que te ponga en la ruta del estrellato literario, ¿correcto? Incorrecto. Los diarios de Guerra formaron la base para su íntima (aunque supuestamente ficticia) primera novela, Todos Se Van, que fue publicada en 2006 y se ha convertido en un superventas internacional. Siguiendo a su joven protagonista a través de su infancia y adolescencia, Todos Se Van es desgarradora y divertidísima y logra dar una visión fresca aunque describe los problemas dolorosamente obvios de la Cuba moderna.

Me gusta el diario como forma narrativa,” Guerra dice, “El relato se despliega como una cinta, lo cual se convierte en sí en un tipo de estructura narrativa.”

Cuanto más profundiza en sus ideas más íntimas, más tiene que luchar con sus demonios personales y más Wendy Guerra atrae la atención del público de Cuba y de todo el mundo. Y ella tampoco rehuye exactamente ser el centro de atención. Si hubiera un premio para la Poetisa más Fotogénica, Guerra lo ganaría fácilmente.

“Una de las cosas que más me enorgullecen es que mi trabajo se haya publicado,” dice. “Mi madre [la poetisa cubana Albis Torres] fue una escritora, mucho mejor que yo, y nunca le publicaron nada. Nunca pudo separarse de su obra lo suficiente como para enseñarla a nadie. Y la única vez que lo hizo, su obra fue rechazada.”

Su madre fue la primera persona que sugirió a Guerra escribir un diario. Otra potente fuente de inspiración fue Anaïs Nin, la legendaria autora de diarios con la que Guerra tiene un parecido asombroso. Nin ha sido objeto de la investigación continua de Guerra, tanto en La Habana (los padres de Nin nacieron aquí) como en París. Guerra planea publicar su obra en la forma de un diario “apócrifo” escrito con la voz de Nin, bajo el nombre Posar desnuda en la Habana.

Cuando pedimos a Guerra que nos lleve a algún lugar de La Habana que sea significativo para ella, sugiere el Museo Nacional De Bellas Artes, específicamente el ala que aloja la colección de arte entre los 1980 y los 1990 del museo. “Mi mayor influencia procede de las artes visuales,” explica. “Mis diarios no son sólo crónicas sobre mi época. No, no, no – el acto de escribir un diario es un gesto’ visual en sí. Esta parte del museo sitúa todo lo que hemos experimentado en términos de estética. Creo que el avant-garde estético de mi generación no reside en la literatura ni en la filosofía. Lamentablemente son las artes plásticas. He conseguido aceptar esto. Los colores, el texto que acompaña todas estas obras, el concepto, la forma, las bromas, la picardía, su naturaleza absurda -es todo lo que quiero lograr con humildad y modestia, a mi manera.”

Se para delante de una obra, un cuadro pintado por su ex-marido Humberto Castro, que adquirió importancia en el ámbito artístico cubano en los 1980, posteriormente se trasladó a París y ahora vive en Miami.

Mi biografía

  •  Poemas

Platea a oscura, 1987

Cabeza rapada, 1996

  •  Novelas

Todos se van, Barcelona: Bruguera, 2006. Todos se van ganó el primer premio Bruguera en 2005.

Posar desnuda en La Habana: diario apócrifo de Anaïs Nin (por publicar)

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