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¡Amigos de Papabubble! Algunos deben estar volviendo a sus hogares, otros quizás comenzarán su día de trabajo. Ante todo, esperamos que puedan disfrutar cada instante del día, que es lo más importante. Si todavía no tienen planes para este fin de semana, os dejamos un libro de nuestro blog amigo Leer y viajar, para sentarse debajo de un bonito árbol y relajarse con alguna lectura.

Los viajes en coche siempre han tenido algo romántico y con un aire profundamente  literario. Viajar en automóvil  ha dado obras inmortales a la literatura , y es que algunos de estos libros como  “En el camino” de Kerouac o los “Viajes con Charley” de Steinbeck forman parte de lo mejor de la cultura del pasado siglo XX. En estos casos el viaje se convierte en una experiencia vital donde la libertad va ligada a la condución y a todo lo que ocurre a lo largo del camino.

En este caso los encuentros con extraños no ocurren en la aventura que supone acudir a una estación de autobuses o de trenes. En los “road trips” el auto es parte de uno mismo y es un viaje totalmente diferente al que acontece cuando usas  el transporte público. Las experiencias vitales de un viaje en automóvil  ocurren durante el propio trayecto o cuando uno se baja del coche. La carencia  en algunos casos del contacto con personas locales se ve recompensado con la  llegada a lugares a los que dificilmente se llegaría en transporte colectivo. En muchas ocasiones las  sensaciones acontecidas al viajar el automóvil nos sirven para apreciar el sabor de la suprema  libertad ante la  elección de  la ruta que tenemos por delante.

Conozco a Dominique Lapierre desde que leí hace muchos años “la ciudad de la alegría” y tengo que decir que me cautivó  aquella maravillosa e increíble historia acontecida en Calcuta. No tenía constancia de este libro sobre la URSS, y tengo que decir que lo conozco a través de la búsqueda de libros de viajes en Amazon España,  fue mi primera compra junto con  “Bajo un cielo azul cobalto“.  Recorrer la antigua Unión Soviética y en coche era un libro y una historia  que desde el primer momento  me atrajo sobremanera. Y es que obviamente no tiene la misma facilidad lanzarse a  realizar un viaje así  por la antigua URSS que por unos  Estados Unidos que vibraban a ritmo de Rock y del movimiento beat con  los grandes Kerouac o Steinbeck.

La URSS estuvo cerrada a los extranjeros y a sus propios ciudadanos durante décadas, con mano de hierro y de acero se controlaban las fronteras y la circulación de ciudadanos. La visita de  extranjeros siempre era controlado por los servicios secretos rusos que se asemejaban  al Gran Hermano de Orwell que todo lo vigila.

Todo estaba controlado y la paranoia colectiva del Partido y sistema comunista afectaba tanto  a la vida como obviamente al inexistente  turismo occidental  que no tenía ni idea lo que ocurría dentro de  la inmensidad de la  Madre Rusia. Dominique Lapierre trabajaba para Paris Match y en un arrebato de pasión le vino  la loca  idea de viajar en coche  por la URSS. El viaje sería  con su gran amigo Jean Pierre Pedrazzini , un fotógrafo que casualmente iba a ser asesinado por las  balas soviéticas durante las revueltas húngaras.

(…)

El viaje es un a fascinante aventura acompañada de numerosas fotografias. En el libro podemos ver desde la amabilidad rusa hasta la burocracia extrema. Un libro que permite ver como  la ciudadanía soviética se sorprende al ver a unos extranjeros viajando libremente  por su país. Un viaje en automóvil  desde las grandes ciudades al campo, desde Moscú a las repúblicas del Cáucaso, desde dormir en hoteles a hacer camping. Un viaje inolvidable por las carreteras prohibidas del telón de acero de  la Unión Soviética...

¿Quieres seguir leyendo? Erase una vez en la URSS

Reseña: Iván Marcos

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